viernes, 17 de abril de 2015

4/17/2015 03:50:00 p. m. - No comments

Prólogo.

Qué se le congelaran los dedos de las manos no era lo que mas le preocupaba, había algo ahí afuera, en la negrura infinita del horizonte, su instinto se lo gritaba al oído. Esta sensación había hecho brotar el miedo, la necesidad sin pensárselo dos veces de tirar la lanza al suelo y correr, correr tierra adentro donde no pudiese ver la inmensidad del mar, ese pozo negro que atrapaba la mirada y retorcía los pensamientos hasta hacerlos débiles y cobardes.

Trago saliva y apretó el puño con fuerza, sintiendo la madera pulida de su arma, comenzó a caminar por el adarve, en busca del punto mas alto. La torre tenia 33 escalones muy desgastados, de los tiempos de los moros, decía su sargento, no le importaba eso ni otra cosa que no fuese estar lo mas alto posible e intentar escudriñar el horizonte. Aun quedaba tiempo para el alba y la noche sin luna era lo mas parecido a un infierno sobre la tierra. Al cobijo del fuego, con la vista perdida hacia la inmensidad se encontró al sargento,  cerca de un baliza donde ardía el fuego, a su luz vio sus facciones llenas de cicatrices y la poblada barba que escondía cientos mas. Recortada estaba su prominente barriga que la pechera de cuero endurecido apenas podía esconder. -¿Algo?- Pregunto con la lengua lenta por el vino. -Nada nuevo.- Respondió el guardia con la suya atenazada por el frío. No se miraron, miraban ambos hacia la mar cuyas olas rompían una docena de picas mas abajo.

Pum, pum, pum.

Un retumbar a lo lejos. El guardia se agarro a la almena mas cercana poniendo el oído, aunque sin atreverse a enseñarlo fuera del casco no fuese que se le helara. -¿Lo habéis oído?- Dijo con un hilo de voz. El sargento abrió la boca para hablar.

Pum, pum, pum.

Y la volvió a cerrar frunciendo el ceño. -Suena como...- No termino la frase, el silencio vino cuando una saeta se incrusto con fuerza en su rostro iluminado por el fuego. El guardia se retiro instintivamente de la almena y se agacho a cubierto de una docena de saetas que silbaron sobre su cabeza y terminaron rebotando o clavándose en el techamen de madera.

Pum, pum, pum.

-Tambores. -Dijo atragantándose con el miedo. El sargento ya no se movía pero si su sangre empezó a correr entre las piedras, roja con las llamas reflejadas en ella.

Pum, pum, pum.

Eran cada vez mas rápidos, el guardia se medio incorporo y agarro la cuerda de la campana. Debía avisar, no sabia si eran piratas de berberia o el mismísimo diablo pero debía avisar al pueblo. Tiro con fuerza.

Tlan, tlan, tlan.

Tlan, tlan, tlan.

Pum, pum, pum.

Un latigazo de dolor le recorrió el brazo, soltó la cuerda. La saeta asomaba por su codo, un grito seco se perdió en el aire de la noche, y mas tambores resonaron.

Pum, pum, pum.

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